Psicoterapia y Neurociencias

Uno de los objetivos de la psicoterapia es mejorar el bienestar y la calidad de vida de los individuos y sus familias, con un impacto positivo en la salud mental. A lo largo del desarrollo de la Psicología como ciencia y profesión, en la cual se basa la psicoterapia, se precisa que las técnicas demuestren su validez empírica, es decir demuestren su efectividad y eficiencia.

Los avances en las neurociencias en los últimos años permiten tener un sustrato para identificar los cambios que se dan a partir de la psicoterapia. Los trabajos desarrollados por Kendal sobre neuroplasticidad, derivaron en un premio nobel en el año 2000. Según este neurocientífico existen cambios neuroquímicos, estructurales y funcionales que se dan en el cerebro como resultado del aprendizaje. Estos cambios se dan en el curso de la vida y tienen un efecto en la forma y fuerza en cómo las neuronas se comunican y comparten información.

Los efectos pueden ser positivos o negativos. Por lo mismo, las experiencias adversas, especialmente en etapas tempranas de la vida tienen gran incidencia en la salud mental de los individuos, si estas experiencias son continuas o muy intensas traen como consecuencias problemas psicoafectivos que pueden derivar en trastornos mentales (Urrego-Betancourt, Y 2008;2019; Tozzi et al., 2020; Thomason & Marusak, 2016: Miscolckzi, 2020).

En contraste, nuevas experiencias y aprendizajes pueden llevar a reconstruir o modificar rutas neurológicas que cambian la activación de circuitos cerebrales y así establecer nuevos patrones de conducta. Como Kendal, también lo señala, en la medida en que la psicoterapia o la consejería sean efectivos y produzcan cambios de comportamientos a largo plazo, probablemente lo harán a partir del aprendizaje.

Las transformaciones en las metodologías para el estudio del cerebro como la Resonancia Magnética Funcional (FRMN), la Tomografía por emisión de positrones (PET) o los potenciales evocados (PCE), permiten identificar en qué medida los cambios de la psicoterapia se reflejan en los cambios de los circuitos cerebrales. Afirmando a través de estudios (Dalhulsen et al., 2021; Matsen, Perrone & Marmarosch, 2020; Dichter, Felder y Smokin, 2010; Norman et al., 2021; Kujawa, 2019; Sikorski, 2016; Cramer et al., 2016) donde se da seguimiento a los pacientes, que estos cambios pueden llevar a la recuperación y reorganización de vías que disminuyen los síntomas asociados a los trastornos por los efectos de compensación (se establecen nuevas rutas para una conducta y se apoyan las de conductas disfuncionales) o de adaptación (se disminuye o aumenta la activación de las vías que se asocian a los síntomas).

Una pequeña muestra de algunos efectos en la psicoterapia son los estudios en pacientes con agorafobia, quienes al ser tratados con Terapia Cognitivo Conductual (TCC) incrementan la activación del hipocampo derecho y disminuyen la activación de la amígdala, la cual se dispara ante estímulos de amenaza (Lueken, 2013; Kircheer et al., 2013; Straube, 2014).

También esta disminución de la activación amigdalina, se vio en las fobias sociales, trastorno que tiene una alta prevalencia en la actualidad por el miedo a la evaluación o la aprobación social.  La TCC, en un período aproximado de 16 sesiones, además aumento la activación en otras áreas cerebrales especialmente el área orbital del lóbulo frontal, el giro frontal superior, el lóbulo parietal inferior y las conexiones occipitales mediales. Así, estas respuestas evidenciaron un mejor manejo en situaciones donde los pacientes se tenían que enfrentar a la crítica o a dar respuesta a los halagos. (Fang et al. 2013; Goldin et al. 2013; 2014).

La depresión también ha sido objeto de preocupación por su alta incidencia y por los efectos en la funcionalidad y ajuste de los pacientes en varias de las áreas donde se desempeñan cotidianamente, afectando además a sus familias y cercanos. El estudio de Karlsson, H., et al., en el 2010 llevado en pacientes con psicoterapia, en comparación a pacientes con medicación, encontró que, en un periodo de 16 semanas, se encontró un aumento de las conexiones de las neuronas serotoninérgicas a nivel del lóbulo frontal y del parietal en los dos grupos de estudio, lo cual mejoró los síntomas de la depresión. (Importante aquí aclarar, que existen enfermedades mentales que deben acompañarse necesariamente de tratamiento farmacológico).

Las terapias contextuales o de tercera generación también han demostrado cambios a nivel del cerebro. Los programas de reducción del estrés basado en Mindfulness (MBSR) y la terapia cognitiva basada en la Mindfulness (MBCT), la Terapia de Aceptación y Compromiso(ACT), han dado como resultado cambios funcionales y estructurales demostrables en la corteza prefrontal, la corteza cingulada, la ínsula y el hipocampo similares a los cambios descritos en los estudios sobre la práctica de la meditación tradicional. (Gotink, 2016; Messina et al, 2016; Álvarez y Henao, 2019). En la terapia Dialéctica Conductual (DBT) empleada tanto en niños, adolescentes como adultos para trabajar problemas de regulación emocional, se ha encontrado cambios importantes en zonas que permiten un mejor balance a nivel límbico-cortical; por ejemplo, un aumento de sustancia gris en la corteza cingulada anterior, el Giro frontal superior y el giro temporal superior (Mancke et al, 2018)

Como lo señalan Gonçalves & Perrone (2014), los avances de las neurociencias y en la psicoterapia, así como su papel en la salud mental, son un punto de encuentro para entender en qué medida y cómo la psicoterapia funciona. Integrar las neurociencias a la psicoterapia contribuye a entender y evaluar los cambios en los consultantes, el proceso, la metodología y la teoría que fundamenta la psicoterapia, Algo que además puede fortalecer los espacios de la formación psicoterapéutica y los sistemas de salud, al encontrar evidencia en la mejoría y bienestar de los consultantes. Que además puede tener un efecto positivo en la relación costo/beneficio, económico y social, de los problemas y enfermedades mentales y de los procesos de psicoterapia.

 

Elaborado por Fanny Yaneth Urrego Betancourt. Doctora en Psicología con énfasis en Neurociencias.

 

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