Infidelidad

El mundo de la pareja está mediado por múltiples factores que facilitan, construyen y afectan la consolidación del vínculo; estos aspectos van desde lo individual hasta lo social, pasando por la dinámica que construyen los miembros de la diada. En lo individual se puede mencionar la historia familiar de cada uno, patrones de comportamientos, creencias, recursos de interacción entre otros; en lo social está todo lo relacionado a las prácticas culturales en el contexto donde ha crecido y se ha desarrollado. Respecto a la dinámica de pareja, además de construirse con lo que se ha mencionado en los dos aspectos anteriores, se desarrolla con base en la dinámica de interacción entre los dos, mediante la reciprocidad, afectividad, sexualidad, construcción de metas, proyectos, entre muchos otros.

La infidelidad es una de las amenazas de la relación, la cual afecta de manera considerable a cada uno de los miembros de la diada y al vínculo como tal. La definición de la misma es variada; Martín, (2004), la definen como un contrato de exclusividad tanto sexual como afectivo del uno con el otro; por ende, menciona este mismo autor, la infidelidad la ruptura de este contrato que se ha establecido entre los dos miembros de la pareja. Otros autores como Drigotas y Barta, (2001) y Espinoza, Correa y García, (2014) exponen que es la violación, transgresión o traición a las normas y compromisos afectivos y sexuales establecidas en el vínculo, realizadas con personas fuera de la relación; así mismo, manifiestan que existen dos tipos de infidelidad: la sexual y la emocional. La primera es aquella donde un individuo tiene contacto sexual con una persona diferente a la de la relación primaria sin consentimiento de su pareja; la segunda: ocurre cuando uno de los miembros da muestras de afecto y romanticismo a alguien diferente a su pareja.

Los investigadores Fife, Weeks y Gambescia (2007) la definen como una violación a los compromisos adquiridos en el vínculo, donde se presentan situaciones personales que no se pueden pasar por alto y suceden sin el consentimiento del otro. Mark, Janssen y Milhausen, (2011) mencionan que es la transgresión del compromiso donde se establecieron metas implícitas o explícitas, acordadas por los miembros y donde se pierde la exclusividad de tipo sexual o emocional hacia el compañero.

Las causas de la infidelidad varían, una de ellas está relacionado con el género debido a que se ha encontrado que las mujeres tienden a ser infieles porque se sienten solas e incomprendidas en la relación, mientras que los hombres, porque se sienten aburridos, incómodos y confundidos en esta (Rivera, Díaz, Villanueva y Montero, 2011; Giraldo y Chavera, 2012; Valdez, González, Maya, Aguilar, González y Torres, 2013).

Otras variables pueden ser la reciprocidad negativa, la falta de comunicación,  la disminución en la frecuencia y satisfacción en las relaciones sexuales y expresiones de afecto, dado que la baja satisfacción en este aspecto, puede motivar la búsqueda del cubrimiento de estas necesidades y reforzadores que suplan las que deja de obtener en su relación primaria (Atkins, 2003; Allen, Rhoades, Stanley, Markman, Williams, Melton, et al. 2008; Baucom, et al. 2009; Dijkstra, Barelds y Groothof, 2010). Otros autores como DeSteno y Salovey, (1996), Shackelford, LeBlanc y Drass, (2000), Moller y Vossler, (2015), comentan que este comportamiento puede ser resultado de los altos niveles de conflicto en la diada.

Los efectos de la infidelidad son tan devastadores que la Corte constitucional de la República de Colombia, argumenta que de acuerdo a la naturaleza jurídica del matrimonio, la infidelidad deteriora la relación afectiva y es causa de la inestabilidad familiar, razón por la cual hoy en día cumple como una causal de divorcio (Corte constitucional, Sentencia C-821-05, 2005).

El impacto en la pareja produce una serie de sensaciones y situaciones para la persona víctima de la infidelidad, que facilita la aparición o incremento de emociones negativas, las cuales se evidencian en problemas de irritabilidad, ansiedad, comunicación, desamor, rutina, insatisfacción y distanciamiento emocional (González, Martínez-Taboas y Martínez, 2009).

Dadas las emociones que este comportamiento genera, no es fácil comprender esta conducta, por lo que la pareja es propensa a percibir a la otra persona como malvada y cualquier estímulo puede ser un detonante de emociones dolorosas como: la ansiedad, frustración, confusión, ira, depresión, humillación, culpa y vergüenza (Baucom, Gordon, Snyder, Atkins, y Christensen, 2006; Zumaya, Brown y Baker, 2008 y Ripoll-Núñez, 2011).

Además de lo anterior, se presenta otros comportamientos que van a ir en detrimento de la relación, tales como desequilibrio en el poder, expectativas diferentes en los roles de cada miembro de la pareja y en la planificación de metas a corto, mediano y largo plazo. Pueden aparecer o exacerbar las manifestaciones de celos y reproches, el comportamiento habitual se puede convertir en hostil y presentar aislamiento social, además de la falta de confianza en el otro, lo cual se generaliza y permanece en el tiempo (Gottman, 2014; Martínez y Sánchez, 2014 y Pérez, Ruiz y Parra, 2014).

Como lo refieren Pérez, Ruiz y Parra (2014) esta problemática puede limitar el funcionamiento personal, desajustando áreas de la vida relevantes para el normal desenvolvimiento. En concordancia con esto dentro de las áreas afectadas se resaltan los problemas de salud desde molestias gastrointestinales, cefalea y asociados (Allen, Atkins, Baucom, Snyder, Coop y Glass, 2005). Fife, Weeks y Gambescia (2008) argumentan que el descubrimiento de una infidelidad conlleva a problemas, incluyendo “síntomas postraumáticos similares al estrés de shock, confusión y enojo, así como la depresión, daños en la autoestima, y la disminución de la confianza personal y sexual” (p.1).  De igual modo, según Gottman (2014) aumenta el riesgo de presentación de psicopatología y la incidencia de enfermedades físicas, violencia y homicidios.

 

Elaborado por Ps. Mg. Claudia Isabel Parra Ocampo.

 

REFERENCIAS

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