Prevención del suicidio: señales de alerta y cómo actuar

Autor: docente Jorge Torres Lancheros

 

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, esto con el objetivo de lograr visibilidad, comprensión e invitar a las personas e instituciones a construir puentes de comunicación para quienes experimentan algún tipo de nivel de ideación suicida, y los medios o herramientas de intervención que puedan modificar de manera eficaz este problema de salud pública.  

 

Sin embargo, hoy, se sigue reconociendo múltiples barreras para el acceso a medios de salud mental, condiciones de vida dignas y una sociedad que pueda reconocer y responder ante los diferentes tipos de expresiones de ayuda que las personas que están atravesando por un dolor emocional extremadamente intenso, necesitan con tanta desesperación. 

 

En Colombia, los datos muestran el nivel de dificultad que representa esta tarea. El DANE, nos muestra que durante 2024 se registraron 3.066 muertes por suicidio. Ese mismo año, el Instituto Nacional de Salud notificó 38.770 casos de intento de suicidio al Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (SIVIGILA). 

 

Y es en este punto donde debemos reflexionar que estos no son solo números, detrás de cada cifra existe una persona que considero el suicidio como la única solución para los problemas que estaba experimentando, incontables familias un se vieron afectadas de alguna manera por la partida de su ser querido, y una sociedad vulnerada, por el significado que existe detrás del suicidio de 1 sola persona. De hecho, algunas investigaciones estiman que el suicidio de una sola persona puede llegar a generar un impacto directo o indirecto para alrededor de 135 personas que están vinculados con el suceso o las consecuencias de este. 

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que cada año más de 720.000 personas mueren por suicidio, lo que constituye la tercera causa de muerte entre las personas que transicionan entre la adolescencia y la vida adulta. Pero entender este fenómeno no es una tarea fácil, pues después de casi 50 años de investigación en diferentes campos de análisis del comportamiento humano, los expertos encuentran que la intencionalidad suicida es altamente variable, y depende de múltiples niveles de variables que interaccionan para facilitar que la persona considere este desenlace letal como una solución ante los problemas y fuentes de dolor emocional o físico que experimenta. 

 

En primer lugar, se consideran los factores estáticos pertenecientes a la persona, como aquellos elementos que no pueden ser modificados y son de carácter específico; en cuanto a los factores dinámicos, estos son divididos en dos grupos: 1) los factores ambientales, entre los cuales se destacan factores de riesgo a nivel contextual que pueden facilitar la adquisición de medios letales, o propiciar las condiciones necesarias para llevar a cabo conductas autolesivas con o sin intencionalidad suicida; por otro lado, 2) factores individuales, explora dimensiones psicológicas de la persona, entre las cuales, se busca identificar las características de las respuestas emocionales, su historia de aprendizaje y variables relacionadas con las diferentes experiencias de malestar emocional o sufrimiento psicológico. A continuación, se resumen los componentes de cada factor: 

Factores del organismo: edad, sexo, genero, etnia, raza, nacionalidad, genética y estado civil 

Factores ambientales: Método y accesibilidad a medios letales, eventos negativos estresantes, modelos de suicidio, condiciones económicas o de calidad de vida y bajo soporte social. 

Factores individuales: presencia de ideas de desesperanza, patrones de pensamiento inflexible, historia de aprendizaje, acciones de riesgo, experiencias emocionales y físicas. 

 

Bajo estas condiciones, una conversación puede convertirse en una oportunidad para salvar una vida. Reconocer los cambios importantes en el comportamiento, como el aislamiento, las verbalizaciones de desesperanza o sobre la muerte o una sensación persistente de no encontrar alternativas son algunas señales que pueden encender las alarmas y poder tomar acciones para salvaguardar el bienestar de esta persona. 

 


La prevención resulta más efectiva que la intervención de estado de crisis

 

La prevención del suicidio no es responsabilidad exclusiva de psicólogos, psiquiatras o servicios de salud. También ocurre en una conversación entre amigos, en una familia que decide escuchar sin juzgar, en una institución educativa que detecta señales de alarma, en un lugar de trabajo que promueve el cuidado de la salud mental o en una comunidad que facilita el acceso a redes de apoyo.  

 


 ¿Qué podemos entonces hacer para prevenir? 

 


 Escuchar antes de juzgar 

Cuando alguien expresa un sufrimiento intenso, no hay forma de medir ese nivel de dolor emocional o físico. Podemos evitar invalidar, comparar o minimizar esta experiencia 

 


Preguntar es preferible a asumir 

Una pregunta directa que demuestre interés genuino y preocupación puede abrir la puerta a una conversación difícil y necesaria. 

 


Tomar en serio las señales de alerta 

Lastimosamente algunas personas consideran que una expresión suicida es un juego o un chiste; cualquier señal de alerta merece atención y cuidado. 

 


Conectar con ayuda profesional 

Hoy en día sabemos que no existe un tratamiento más eficaz para la prevención del suicidio que uno que este dirigido a construir una vida que vale la pena ser vivida, el trabajo de los profesionales en salud mental es ayudar a que las personas tengas las herramientas para construir justamente esto. 

 


Construir redes de apoyo 

No tener los medios para solucionar todas las situaciones que enfrentan las personas que experimentan ideación suicida no significa que no podemos estar presentes, ser compañía puede ser suficiente en muchas situaciones, aunque esto no represente el cambio más grande de todos. 

 

Una conversación pendiente puede abrir una puerta. Escuchar puede generar conexión. Actuar a tiempo puede salvar una vida. 

Carácter Académico: Institución Universitaria. Personería Jurídica por Resolución 18537 del 4 de noviembre de 1981 del Ministerio de Educación Nacional. Institución de Educación Superior sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional (Art. 2.5.3.2.10.2, Decreto 1075 de 2015). Vigilada Mineducación.
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